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enero 29, 2020

El fenómeno Jacob Collier gana dos Grammys



El multi-instrumentista británico Jacob Collier (24 años) ganó dos Grammys por sus arreglos de Moon River y All Night Long, respectivamente, por Mejor Arreglo Instrumental o A cappella y Mejor arreglo con Instrumentos y Voces.

Jacob Collier es el nuevo enfant terrible del jazz internacional. Este veinteañero (ha cumplido los 24 años en agosto de 2018) es un multiinstrumentista y vocalista londinense que empezó primero a llamar la atención, y a convertirse en un fenómeno viral, gracias a sus videoclips caseros con versiones de temas clásicos de Stevie Wonder y Michael Jackson, entre otros. Poco tardó en corroborar que aquello iba en serio: lo confirmaron dos Grammys y estar apadrinado nada menos que por Quincy Jones, quien ejerce para él de mánager. 

Y es que aunque hasta ahora, tanto en su virales vídeos de YouTube que le convirtieron en una precoz estrella como en su LP In My Room, Jacob lo había cantado, tocado y producido todo él mismo, ha decidido cambiar de dirección e idear una nueva obra que le permita dar cabida a música e intérpretes que han marcado su trayectoria y sus años de formación.

Los otros ganadores de la noche en las categorías de jazz incluyeron a Esperanza Spalding, que consiguió su cuarto Grammy por su séptimo álbum de estudio, 12 Little Spells, y el pianista / compositor Brad Mehldau, que finalmente obtuvo su primer premio por Encontrar a Gabriel después de varias nominaciones. Los otros ganadores fueron Chick Corea y The Spanish Heart Band (Grammy 23), y Randy Brecker.

La 62da ceremonia repleta de estrellas celebrada en el Staples Center en Los Ángeles, California, fue organizada por Alicia Keys y se celebró el mismo día de la muerte del héroe de baloncesto Kobe Bryant, quien fue honrado con una actuación de Es tan difícil decir adiós al ayer por Keys y Boyz II Men.


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enero 14, 2020

Vuelve el niño prodigio



Joey Alexander fue descubierto en Yakarta, Indonesia, hace unos nueve años, y 2013 se mudó a Nueva York junto con sus padres, con la ayuda de luminarias del jazz como el trompetista Wynton Marsalis, que lo llamó “mi héroe” en Facebook y con quien ahora comparte manager.

Todo esto forma parte de la vida inverosímil de un niño prodigio. Tal vez Joey sea del que más se habla en el mundo del jazz desde hace un buen rato, pero dista mucho de ser el único.

Joey (Alexander Sila) comenzó a tocar el piano a los seis años, retomando de oído una melodía de Thelonious Monk, lo que motivó a Sila, pianista amateur, a enseñarle las bases. Además de eso, recordó Joey, “escuché grabaciones y también YouTube, por supuesto”.

El joven pianista tocó en sesiones de improvisación en Bali y posteriormente en Yakarta, cuando su familia se fue a vivir a esa ciudad. A los ocho años, tocó para el pianista Herbie Hancock, quien estaba en Yakarta como embajador de buena voluntad de la Unesco (“Usted me dijo que creía en mí”, recordó Joey, dirigiéndose a Hancock en una gala de la Jazz Foundation of America “y ése fue el día en que decidí dedicar mi infancia al jazz”). Tenía nueve años cuando entró al primer Master-Jam Fest, una competencia de jazz para músicos de todas las edades en Ucrania. Ganó el primer lugar.

Al poco tiempo, uno de sus videos de YouTube atrajo la atención de Marsalis, director artístico de Jazz at Lincoln Center, quien lo invitó a presentarse en la gala de la organización en 2014. Joey interpretó una versión solista de la balada de Monk “‘Round Midnight” como último número, con lo que se ganó una ovación de pie, maravillosas críticas y algunos fanáticos influyentes. El resto es historia. 


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Es Dios

"Esa lengua de fuego se abría despiadada, como urdiendo en el alma y buscando donde cabalgar. Resoplaba fuerte, escrutaba el ojo, mordía la mente y ondeaba su calor, como haciéndonos sentir que somos una miniatura, una milmilésima parte del universo. Esa lengua de fuego, creación al fin, es lo mismo que la hoja, que la piedra, que el agua, que el ave, que la hierba. Es Dios".

La compuerta de la vida

"A veces, casi inerme, entrebusco la fórmula de la vida, y encuentro una melodía que me exige respirar, profundo, restituyéndome la fe en el futuro. Sólo Dios abre la compuerta de la vida, y la música es el compás de espera a la perfección, el estadío más emocionante del ser humano".

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